Dime que me quieres aunque sea mentira

“Dime que me quieres aunque sea mentira” le dice Vienna a Johnny Logan con esa capacidad de síntesis que distingue a los antiguos guionistas norteamericanos, con esa frase certera que penetra en lo profundo de las relaciones amorosas. Necesitamos sentirnos queridas, oírlo de labios de quien amamos, sentir la sincera presión de sus manos; aunque la intuición nos alerte, nos aferramos a la mentira porque es nuestra verdad, la que da sentido a la vida. Todo el mundo sabía que Rodolphe no me amaba, pero yo era tan feliz…

Parece que este año 2012, cuando nos adentramos en el Carnaval, es el de la caída de las máscaras. Del carro de Tespis bajaban las máscaras que en agónica lucha provocaban en la ciudadanía la catarsis; sin máscara no eran nada. Si nos atenemos a lo que acontece veremos que las consideradas instituciones más altas muestran con claridad casi obscena qué son y a quién sirven.

Arrumbadas las utopías, algunas ensayadas a costa del dolor humano, buscamos desesperadamente a alguien que nos diga que nos quiere aunque sea mentira. No es extraño, por tanto, que nos mientan en esto y en aquello; en los recortes, la reforma laboral, las sentencias, los fastos, la integridad de las instituciones; los balances, las hipotecas, los déficits; los parques temáticos, los centros comerciales y los programas de TV. Si nos dicen que nos aman, ¿qué más podemos pedir?

2 respuestas a esta entrada.

  1. Publicado por Ferrán de Magèsc en 22 de marzo de 2012 at 19:16

    Enhorabuena. Muy bien expresado.
    Faydit.

    Responder

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